Reseña - La Bella y la Bestia (2017)

 Tal y como era en antaño, es ahora: Disney la hizo de nuevo, hizo que una hermosa película de antaño surgiera de nuevo como una hermosa obra maestra, cosa de que no se olviden de la obra en sí…

La Bella y la Bestia, en Versión Live Action de este año, 2017, llenó de alegría la sala desde el momento en que comenzó y se llevó consigo la risa, la alegría, emoción, dulzura y la magia de la película animada de hace ya tantos años.
En sí, es una obra muy bonita, que mantiene la magia y fantasía de Disney intacta, aun con los años.
El reparto de Emma Watson (Bella), Dan Stevens (Bestia,) Ewan McGregor (Lumiere), Ian McKellen (Din Don/Cogsworth), Emma Thompson (Sra. Potts), Nathan Mack (Chip) mantienen en la obra una forma magistral de llevar consigo la batuta una nueva forma de mostrar uno de los clásicos más bonitos de Disney, en carne y hueso, frágiles objetos como tal, pero, aun así, duros y fantásticos como la franquicia del señor Disney. Siendo un elenco lleno de alegría y vida, mantienen con humor, magia y un gran cariño a la misma obra en sí, entregándole aún más vida a la obra, de lo que ya recordábamos hace muchos años, la cual, tal por cual, ya tiene mucha alegoría y algarabía…
Como todos sabemos, la película trata sobre un apuesto aunque arrogante, egoísta y adinerado príncipe quien, producto de una maldición, es convertido en Bestia. La maldición ha perdurado por varios años y muchos de sus sirvientes son parte de la mueblería del castillo, mientras esperan que su amo ame y sea amado por alguien.
Bella, en cambio, es una joven mujer de un pueblo cercano al castillo, olvidado por años, que vive leyendo libros y siendo curiosa, inteligente y directa; más, para el pueblo, por ser la más ilustrada y pasarse el día, leyendo libros, creen que es “rara”. El pueblo de por sí, idolatra a Gastón, un antiguo capitán francés, quien, tras la guerra, muestra las glorias de su persona al mundo, acompañado de su fiel amigo LeFou, un gordo y cuerdo personaje, que le sigue, sin rechistar sus quehaceres e idolatrándolo al igual (o más) que el mismo pueblo.
El conflicto sucede cuando Maurice, padre de Bella va a entregar un paquete, en otro lado de Francia y su carruaje es atacado por lobos salvajes. Con frío y con hambre, se refugia en un castillo, donde los muebles hablan y un banquete servido, al lado del fuego le esperaba. Asustado por los muebles y su característica forma de “hablar”, escapa, no sin antes sacar una rosa al jardín. Ello enojó al propietario, la Bestia, quien lo acusó de robo y por tanto, lo encarceló en el calabozo. Su caballo, logra escapar y llegar donde Bella, quien fue por su padre y ver cuál era el problema: había sido encarcelado, por una figura monstruosa y grande, de grandes cuernos y largos colmillos. Ella no dejaría que su padre fuera encarcelado, así que, en un acto de bondad y justicia, ella tomó el puesto de su padre en el castillo. Es allí cuando conoce a los miembros del castillo, quienes no dudan en darle una cálida bienvenida y contarle, a medida que pasan los días, sobre el hechizo que azotó el castillo y cómo poder romperlo. En un acto de curiosidad, Bella va a ver la flor y Bestia, temeroso de que le haya hecho algo, se enoja y le grita, con un gran rugido. Con mucho miedo, Bella escapa y es atacada por Lobos, pero Bestia aparece para defenderla. Cayendo rendido y malherido tras defenderla, Bella tiene dos opciones: dejarlo morir e irse o ayudarle a volver al castillo y cuidar de él, hasta que sane. Como todos sabemos, Bella elige la segunda y mientras lo cuida y conversa, convive con él, logra darse cuenta de que dentro de él, se esconde un príncipe gentil, cariñoso, que escucha y quiere ser entendido… Que quiere ser amado. Y con ello, Bella se da cuenta de que su lugar no es en el pueblo… Tal vez sea, en el mismo castillo.
El remake de la Bella y la Bestia de este año nos muestra que ciertas cosas mantienen su magia, sin importar la forma en que se muestre. Para mí, fue una obra que me llevó a reír, a llorar, a celebrar la vida y el amor en una película de Disney como no lo había hecho ya hace años…
Realmente, es una película estreno que hay que ver.
Y con mayor razón, si uno es fan de Disney, tiene el doble de razones para ir: es una adaptación muy fiel a la película animada y mantiene toda la magia que el Señor Walt Disney nos quiso entregar hace ya tantos años. Uno de verdad se siente un niño de nuevo, pero se emociona conscientemente, siendo grande...
--- ReViewer World Critic

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