Reseña – Chernobyl
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Si el mismísimo nombre
de Chernóbil le podría sonar a cualquiera, es porque el 26 de abril de 1986
ocurrió uno de los accidentes nucleares más grandes y desastrosos de la
historia de la humanidad (claro que, va por ahí con el accidente nuclear de
Fukushima I en Japón en 2011, pero, debido al secretismo y la censura de la
decadente URSS en aquellos años, no hay un registro claro del impacto
humanitario y medioambiental del accidente de Chernóbil y medio que la gente
tampoco quiso investigar a un gobierno tan secreto y tan duro como era la URSS).
Escuchar el nombre de Chernóbil ya significa “desastre”, “energía nuclear” y
“la decadencia del sistema tecnológico y humano para controlar algo tan
abrasivo e intenso como lo es el mismísimo uranio”.
Dentro de la misma
historia, la cultura pop y los constantes recordatorios de parte de las
noticias (tras accidentes o aniversarios del accidente o similares) y los
expertos, el accidente de Chernóbil se ha impregnado casi por inercia en
nuestro ADN, recordándonos lo frágil que son las formas de crear electricidad, los
combustibles puros para la humanidad y cómo una sola mala decisión puede
destruir miles de vidas por décadas – incluso, siglos – a futuro.
Entonces, si esta
miniserie de HBO y Sky se creó con la intención de contar y recordar lo crudo
del mismo accidente, desde el punto de vista de varias personas presentes en la
mismísima ciudad de Prípiat y sus alrededores, junto con todo lo que sufrieron
y todo lo que esforzaron por contener este desastre, ¿por qué se creó Chernobyl?
¿Por qué recordar algo tan crudo y doloroso como lo es la negligencia humana,
el peso del orgullo y el precio a pagar de las mentiras, cuando el resultado
final son miles de vidas destrozadas por el cáncer, la movilización de todas
las personas en lo que hoy, son ciudades fantasmas, pero que, en su momento,
eran la promesa de una ciudad llena de vida, energía y esperanza para una cada
vez más decadente URSS?
Fácil: porque la
miniserie de 2019 da un giro muy personal, dándole justicia y voz a todos
aquellos involucrados en dicho accidente, permitiéndole dar una visión más íntima
y desgarradora que lo que cualquier sitio como Wikipedia o algún historiador
pueda contar sobre el accidente de Chernóbil. Aquí, en esta reseña, nos
detendremos a analizar un poco más de la miniserie de HBO y Sky, Chernobyl.
TRAMA: Como se comentó
antes, Chernobyl es una miniserie (literal, 5 capítulos de una hora cada
episodio, aprox.) que trata del accidente de la planta nuclear de Chernóbil,
ocurrido el 26 de abril de 1986, cuyo impacto humano y medioambiental ha sido
tan impactante y profundo que, hasta la fecha, no hay una forma real de medir
su verdadero impacto en Europa y el mundo.
La serie inicia jugando
con los resultados finales del accidente, dos años después del accidente e
instantáneamente, nos trae de lleno al mismísimo instante en que la central
nuclear Vladimir Ilich Lenin, ubicado en las cercanías de Prípiat y Chernóbil,
explota. A la lejanía, los ingenuos residentes de Prípiat y Chernóbil sienten
el fuerte temblor tras la explosión y el haz de luz que emana la misma central;
mientras que, dentro de la central, cunde el caos y la confusión, mientras los
físicos y expertos de la central no entienden qué es lo que pasó en la prueba
realizada, tras presionar el botón AZ-5 o botón de Defensa de Emergencia Rápida
5 (que detendría toda la operación). Anatoly Dyatlov (personificado por Paul
Ritter), ingeniero en jefe adjunto de la central nuclear de Chernóbil y
supervisor de la prueba de aquel día, en su soberbia, orgullo y ceguera, no
quiso ver o asumir que la prueba fue un completo fracaso y envió a sus
compañeros de la sala de control a revisar qué falló en el reactor, sin saber
que los llevaría a una letal exposición de radiación. Poco después de la
explosión, los servicios de bomberos y hospitales comenzaron a trabajar a toda
máquina por tratar esta emergencia, sin saber que se estaban exponiendo a
grandes dosis de radiación, al tratar a toda persona que llegaba: bomberos,
físicos, ingenieros, transeúntes, etc.
Habiendo pasado menos
de 12 horas del accidente, Valeri Legásov (personificado por Jared Harris),
científico en la química inorgánica, es informado del accidente y se le ordena
proporcionar asesoramiento técnico al comité de investigación, encargado de
gestionar una respuesta al público. Acompañado de un confiado y escéptico Borís
Shcherbina (interpretado por Stellan Skarsgård), vicepresidente del Consejo de
Ministros entre 1984 y 1989, Legásov llega a Chernóbil, solo para horrorizarse
de lo sucedido: el reactor de la central nuclear explotó y está lanzando a la
atmosfera millones de partículas de radiación. Habiendo llegado a tierra,
Legásov intenta de explicarle la magnitud de lo ocurrido a Shcherbina y
conforme pasan los días, no solo la radiación se expande por los alrededores,
afectando a las personas, animales y el medioambiente, haciendo que el gobierno
traslade a los miles de residentes de la ciudades cercanas (como Prípiat y
Chernóbil), sino que, los problemas aumentan y la contención se vuelve más y
más complicada, siendo trabajo de Legásov, Shcherbina y sus subordinados y
aliados (como lo es la ficcional Uliana Khomyuk, interpretada por Emily Watson,
que condensa a todos los científicos y expertos que apoyaron a Legásov en
descubrir la verdad), arreglar este problema, hallar una solución al problema
principal, además de los cabos sueltos y un culpable a este desastre, mientras
se combate por descubrir la verdad y demostrarla al público, teniendo como
principal aliado y enemigo al Estado soviético…
Resulta muy complicado
contar la trama de la serie SIN dar mucho spoiler. Habiendo dicho eso,
la trama de Chernobyl es una trama sumamente inmersiva, potente a nivel
sentimental y personal. Desde el minuto uno, el espectador se pregunta: ¿qué
rayos es lo que estoy viendo? Lo que está viendo es una serie que, si bien a
ratos va lento, a otros ratos lanza muchísima información en muy poco tiempo.
Pero, sobre todo, la trama trata exclusivamente sobre los personajes detrás del
accidente de Chernóbil, el equipo de investigación y contención, las personas
afectadas, fallecidas y los subordinados que dieron sus vidas para contener,
limpiar y salvar lo que más se pudiera de los alrededores. Trata sobre aquellas
personas que podrían ser insignificantes en los libros de historia, tan
insignificantes que ni siquiera llegaron al libro. Esta miniserie les da
justicia y voz, permitiéndoles aparecer en pantalla y desde los pocos registros
de los hechos, dar cuenta de cómo las personas sufrieron y abandonaron sus
vidas por el accidente nuclear.
Habiendo investigado un
poco sobre la serie, resulta molesto que, primero, no haya suficientes
registros fotográficos, textuales, escritos o en video para que el público
común pueda entender la magnitud de lo sucedido. Literal, si uno investiga
sobre el accidente de Chernóbil desde el punto de vista de los afectados o
participantes de la prueba o los encargados de limpieza, hoy hay mayores
registros (debido a internet, YouTube y testimonios subidos a la red), pero
hace 35 años atrás, todo era en papel y muy pocos individuos, podían grabar
cosas como las ocurridas en aquel accidente. De hecho, se sabe que muchos de
los registros escritos o grabados en cámara del accidente de Chernóbil han sido
guardados por el gobierno soviético de esos años y hoy, es asunto de seguridad
nacional para Rusia: intentar investigar o exponer los registros del Estado al
público sobre lo ocurrido en Chernóbil está estrictamente prohibido, penado por
ley y grandes penas caerán sobre todo aquél que lo intente.
Segundo: debido al
punto anterior (la ambigüedad de los registros de los hechos, las personas
afectadas o los involucrados en el accidente y su contención), resulta molesto
que HBO y Sky se tomaran la libertad de jugar un poco con los personajes y
poner diálogos que, en realidad, podrían ni siquiera haber ocurrido, haciendo
que los personajes sean de cierta forma y se muestren de una forma que, a lo
mejor, no les dan justicia del todo. Ejemplo tácito de ello, es la de Liudmila
Ignatenko, esposa del bombero Vasili Ignatenko (muerto por la exposición a
grandes dosis de radiación, tras haber ayudado en la contención del incendio
del reactor nuclear), quien, hoy en día, ha protestado contra la serie, argumentando
que, en ningún momento, se contactaron con ella, con tal de pedirle permiso o
asesoramiento en cuanto a la creación y desarrollo de su personaje en la serie.
Si bien HBO tiene una opinión, siendo un canal de televisión y productora
cinematográfica tan importante e imponente como lo es, no es de extrañar que impongan
su versión de los hechos, callando a Liudmila.
Lo único bueno que se
puede rescatar de este punto es que, si bien existe cierta ambigüedad práctica
de los hechos, gracias a los esfuerzos de Svetlana Aleksiévich, escritora
bielorrusa, ganadora del Premio Nobel por su libro Voces de Chernóbil,
donde expone lo sucedido a base de la recopilación de recuerdos locales de los
exresidentes de Prípiat. Por tanto, si bien hay y existe cierta ambigüedad
científica o no hay pruebas suficientes, dicho libro permite dar prueba
fidedigna de los hechos, incluso a un nivel más personal e íntimo que Chernobyl
mismo.
Tercero: aunque existe
ambigüedad, Chernobyl muestra una potente forma de demostrar lo que
sucede cuando el hombre va más allá de la mentira y crea una verdad que no es
la verdad misma, siendo el accidente de Chernóbil uno de los primeros ejemplos
de la posverdad en el siglo XX, algo que en el siglo XXI hemos combatido día a
día, debido a noticias falsas, políticos corruptos o líneas editoriales sin
escrúpulos ni moral. Lo que pasó en Chernóbil da para una seguidilla de series
y películas desde todos los puntos de vista imaginables, pues no es una
historia ficticia: es una historia real, ocurrió en nuestro planeta, hace más
de 30 años y su impacto sigue acechándonos hasta el día de hoy. Si uno lo
quiere ver desde el punto de vista científico, medioambiental, social,
político, moral, etc.…, hay potencial para todo eso como película o serie.
En resumen, la trama de
Chernobyl resulta sumamente inmersiva, potente y atrapante, escalofriante,
íntima y personal, pero que, a falta de datos duros concretos, debe apoyarse en
un único libro de testimonios, cayéndose un poco en los datos duros exactos sobre
la magnitud del accidente y su impacto al mundo, haciendo que la trama en sí
misma sea parte de una desafiante producción. Puntaje: 9/10
MÚSICA (Y SONIDO): Para
la banda sonora original de la serie, consiguieron a una maestra de sonidos
inquietantes y crudos… y es que Hildur Guðnadóttir arremete con todo en esta
serie. Curiosamente, la serie se estrenó el mismo año que Joker de Todd
Phillips, protagonizado por Joaquín Phoenix como Arthur Fleck / Joker, siendo
dicha película la que le permitió brillar a Hildur en los Oscar, otorgándole la
estatuilla por “Mejor banda sonora original”, junto con otros tantos galardones
como el BAFTA, los Critics’ Choice Awards, los Globos de Oro, entre tantos otros.
Ambas producciones
permitieron hacer que Hildur Guðnadóttir apareciera en la producción musical y
aunque un poco desconocida para los críticos de las series, Hildur permitió
hacer que Chernobyl se volviera aún más espeluznante de lo que ya era. Hildur,
con su experimentación y especialidad en cuerdas (violín, cello), con una
producción experimental en las voces y un toque de estática y sonidos graves,
logra crear y capturar una atmosfera atrapante e inquietante, desafiante para
el espectador, quien no podrá mantenerse tranquilo frente a su asiento, viendo
las crudas imágenes, acompañadas de la música de Hildur que pondría los pelos
de punta, incluso, al más valiente. Si bien las escenas que se ven en pantalla
ya son bastante crudas, la música que Hildur proporciona a la serie logra suministrar
un aire de expectativa, terror, nerviosismo e inquietud a cada escena en
pantalla, propias de un thriller psicológico, pero en un drama histórico
tan trágico como lo es Chernobyl.
Si uno compara la
música de Chernobyl con Joker, tienen la misma esencia de
partida, pero manifestada de forma distinta: si bien en Joker Hildur
captura la esencia de soledad, abandono, poca empatía y locura creciente, en Chernobyl
logra capturar la forma en que el terror hacia el peligro de la exposición
radiactiva en su máximo esplendor se apodera del ser humano y no piensa
correctamente, afectándole en sus decisiones o en su forma de ver los hechos
(sobre todo, al vivir bajo la presión de un estado opresor, que constantemente
estaba detrás de ti, velando por tu silencio y la completa seguridad del
Estado, como pasaba con la URSS). Aquí, Hildur permite esa inmersión necesaria
para crear un ambiente de aún más tensión, inquietud, nerviosismo, angustia y
miedo, rozando el terror psicológico, dando la sensación de que, incluso el
espectador, está en peligro de morir por la radiación que emana Chernóbil,
frente a su pantalla. Gracias a Hildur, como espectador, uno queda más nervioso
de todo lo que sucede a su alrededor, sea lo más cotidiano y normal posible,
pues ella logra dar el último esfuerzo para hacer que esta serie sea tan
aterradora como lo es de atrapante y bien realizada.
En resumen, no hay otra
persona como Hildur Guðnadóttir que pueda crear un ambiente musical tan terrorífico,
denso e inmersivo como lo logra ella. Apostar por ella en el área musical fue la
decisión correcta, al permitirle darle rienda suelta, al crear la música de Chernobyl
y que ésta, sea tan íntima como atemorizante y escalofriante. Sin dudas, uno de
sus mejores trabajos. Puntaje: 10/10
ACTUACIÓN: Como es
tradición, en el último tiempo, si vamos a hablar de actuación, hemos de hablar
de los personajes más importantes de la serie (pues, si bien los actores y
extras son muchísimos para enumerar, es preciso hablar y analizar a los actores
que le dan a la serie el pilar central de actuación). En este caso, estamos
hablado de los personajes de Valery Legásov (Jared Harris), Borís Shcherbina (Stellan
Skarsgård), Uliana Khomyuk (Emily Watson), Liudmila Ignatenko (Jessie Buckley)
y Anatoly Diátlov (Paul Ritter), junto con los actores que encarnan a dichos
personajes en la vida real.
Primero, Jared Harris:
interpretar a un científico del campo de la química inorgánica, serio y
directo, respetuoso y leal a sus compañeros, pero con buenos valores morales
(como la búsqueda y exposición de la verdad, incluso si le cuesta la vida)
podría suponer un desafío para cualquiera, sobre todo si no existe un registro
real y veraz de cómo era la verdadera personalidad de Valery Legásov, en vida y
en ese entonces. Pero, dentro del poco y nulo registro de video o escrito que
hay de esos años, Jared Harris logra personificar de buena forma a una persona
que, en su lucha por demostrar la verdad, se ve enfrentado ante la mano del sistema
político soviético que, en su afán por mantener el orden y la imagen de un “sistema
político perfecto” y miente y calla a todo aquél que le desafíe por decir la
verdad al mundo. Aquí, Harris lucha contra todos sus ideales y su idea de sobrevivir,
sabiendo que, si dice algo al público que no es del agrado del Estado o sus
mandatarios, lo más probable es que sea encarcelado, castigado y/o asesinado.
Harris nos muestra a un
hombre que, en primera instancia, con total ingenuidad, es llevado al lugar de
los hechos para dar un informe de la situación y evaluar cómo contener este
hecho. A medida que avanza la serie, no solo se muestra horrorizado ante lo que
ve frente a sus ojos, sino que también nervioso por cómo el Estado soviético
está tratando este hecho. De no haber sido por su compañero político, Boris
Shcherbina (del cual hablaremos más adelante), nadie habría podido contener el
accidente y sus consecuencias como ellos dos lo hicieron. Harris interpreta a
un hombre comprometido con su trabajo, pero, sobre todo, comprometido con el
pueblo, con la moral y la verdad, queriendo siempre intentar de dar con las
cifras exactas, el impacto real de la situación, e incluso gritar la verdad,
por muy fea que suene. En esta serie, Harris lucha por la verdad, sabiendo que
la verdad le duele a un Estado que, en aquellos años, buscaba siempre mostrarse
orgulloso, gallardo y perfecto en todo sentido, pero, con Legásov siendo el
cable a tierra de Gorbachov, Diátlov y Shcherbina, hay un margen de objetividad
y real peligro en todo esto, mostrándonos a alguien que, intranquilo y nervioso
por lo que sucede a su alrededor y las consecuencias de sus acciones, lucha
incansable por la verdad… aun cuando lograr demostrar la verdad, le traiga
consecuencias más nefastas de lo que creyó posible.
Legásov, interpretado
por Harris, demuestra la verdadera objetividad, preocupación y antelación a los
posibles hechos futuros, intentando ir siempre más allá del accidente en cuestión
y analiza las eventuales amenazas que el reactor expuesto pueda traer a todos,
incluyendo callar la verdad, hasta que la verdad es tan necesaria que debe ser
gritada, sabiendo lo que significa siquiera decir la verdad, sea en el tono y
la forma que sea. Puntaje: 10/10
Segundo, Stellan Skarsgård:
rayos, ¿por dónde empezar? Skarsgård nos entrega uno de sus mejores papeles
hasta la fecha. Interpretando al inicialmente confiado, escéptico, burlón y amenazante
Borís Shcherbina, poco a poco, se crea una suerte de viaje del héroe donde
Shcherbina pasa de ser un simple testigo de los hechos a un aguerrido participante,
dispuesto a remover cielo, mar y tierra con tal de contener este accidente o sus
consecuencias. Pasa de ser un tipo al que le encargan manejar el desastre y
que, como todo político de aquellas esferas, demuestra gran soberbia al decir
que es un problema como tantos otros, que se solucionará apenas ponga un pie en
el lugar. Pero, a medida que avanza la serie, Shcherbina se da cuenta que todo
es más complicado, gracias a la objetividad y real preocupación que aporta Legásov
(Harris) y que debe involucrarse de lleno en el asunto, llegando incluso a sentir
culpa, enojar e increpar a los altos mandos por aportar poco y nada a la
contención del accidente nuclear.
Aun así, Shcherbina,
como político soviético que es, sabe lo que los altos mandos hacen tras
bambalinas y cómo funciona la “verdad política” ante las investigaciones de
Khomyuk y Legásov, anteponiéndose a luchar por “decir la verdad” y ser cauto,
callado y dejar que las cosas vayan acorde a las indicaciones del Estado, trayendo
a la mesa el verdadero aire de lealtad por contener el accidente, pero al mismo
tiempo, siempre leal y temeroso de los castigos que el Estado podría ponerle
encima, a él o a su equipo. Skarsgård nos da aquí al hombre más importante en
la contención del accidente de Chernóbil, mostrándonos el lado más leal y
humano del compañero que, teniendo todos los recursos para solucionar un
problema, los pone en la mesa y si algo no funciona, hace que funcione, pone
las manos al fuego y logra que el equipo logre su objetivo. Puntaje: 10/10
Tercero, Emily Watson:
hay que ser sinceros, hablar de este personaje es complicado. Primero, porque
es un personaje completamente ficticio. Así es: Uliana Khomyuk no existió, fue
creada para esta serie para condensar el esfuerzo de cientos de científicos
soviéticos que dieron su vida y trabajo para apoyar a Legásov y Shcherbina a
contener esta crisis nuclear y humanitaria. Dada la cantidad de científicos que
dieron su mayor esfuerzo para contener las consecuencias del accidente nuclear,
Khomyuk fue creada y la subjetividad de la personalidad y compromiso de cada
científico real por detrás, desconocido para el público, nace.
Por otra parte, al ser
un personaje completamente ficticio, pero con una base sólida de historia de origen,
Khomyuk trae a la mesa la verdadera subjetividad de los hechos y acciones
tomadas por Legásov y Shcherbina. Lo único objetivo de parte de Khomyuk es que,
al igual que todos los científicos y expertos que componían el equipo de apoyo
y contención de Legásov y Shcherbina, buscaban decirle la verdad al público,
incluso si era necesario dar su vida por ello. Ellos fueron quienes presionaron
a Legásov a ver más allá de lo que sucedía realmente y que sus acciones podrían
repercutir si no actuaban con rapidez. También, fueron los que apoyaron y
presionaron a Legásov a cuestionar sus ideales morales y políticos, en
beneficio de decirle la verdad al público.
Pero, hay que destacar
que, dentro de la subjetividad y ambigüedad de cuántos científicos eran o cómo
eran sus personalidades, Emily Watson nos da una puesta en escena impecable, propia
de muchas de muchas de sus actuaciones previas. Humana, seria, objetiva,
desafiante y directa, Watson nos entrega a una mujer, experta en estos asuntos
y comprometida con la búsqueda de la verdad, desafiante ante cualquier
obstáculo y crítica ante toda medida tomada para la contención del accidente. El
único defecto de Watson en esta serie no tiene que ver con su actuación, sino
con la construcción del personaje mismo, pues, desde el área del guion y la
dirección se debió haber pulido un poco más a este personaje, al ser este, uno
que condensa la vida, trabajo y esfuerzo de múltiples personas, en un solo
cuerpo, una sola persona. Puntaje: 9/10
Cuarto, Jessie Buckley:
la triste y desesperada mujer de Vasili Ignatenko, Liudmila. A pesar de ser uno
de los primeros personajes que vemos en pantalla apenas comienza la serie, Buckley
no logra aparecer suficiente tiempo en pantalla como para darle justicia al
personaje que interpreta. Desde la misma actriz, se puede ver una gran presión
por encajar en un papel realizado, sin mucha investigación, sin mucho cuidado y
poca preocupación por corroborar información con la real (y aun viva) Liudmila
Ignatenko, que tenía 56 años al momento del estreno de la miniserie. Incluso,
en varios portales de noticias, Ignatenko ha manifestado su molestia hacia HBO,
quienes deliberadamente y sin su permiso, tomaron su historia y la pusieron en
la serie, sin cuidado de ciertas partes de la historia de su esposo, Vasili
Ignatenko, uno de los primeros bomberos en acudir al accidente nuclear para su
contención o la de Natasha, hija de ambos que ella esperaba en aquél entonces,
teniendo siete meses de embarazo al momento de la prueba.
Este es un personaje
puesto en pantalla para demostrar el lado más humano de los afectados en el
accidente: los civiles residentes de Prípiat, Chernóbil y las ciudades
aledañas, todas pertenecientes a la Zona de Exclusión. De haber sido otro el
objetivo principal de crear esta serie (mostrar el lado más íntimo y personal
de todos aquellos que tuvieron que irse de sus casas dos días después del
accidente o perdiendo seres queridos en el camino), la historia de Liudmila no
habría sido puesta en pantalla. Pero, en este caso, Liudmila muestra el verdadero
dolor que cientos de familias tuvieron que atravesar al ser testigos,
participantes o habitantes cercanos a la central.
En la serie, Buckley no
aparece lo suficiente en pantalla y es que, debido al mal manejo y profundidad
del equipo de investigación y guion de parte de la dirección de la serie,
pareciera que la historia de los Ignatenko es una historia forzada, puesta en
escena para contar el verdadero objetivo de toda la serie, pero apareciendo lo
justo y necesario. Buckley nos muestra, con dificultad, una mujer que, nerviosa,
esperanzada y finalmente destrozada por el destino de su esposo y su familia,
lucha contra todas las adversidades para ser feliz, junto a quienes ama. Pero, durante
las escenas que aparece Liudmila y debería demostrar una completa destrucción
facial, debido a los angustiantes hechos a su alrededor, Buckley nos entrega
una actuación precisa, aunque mediocre, dando solo lo necesario para aparecer
en pantalla y retirarse a un tercer plano.
Su actuación permite
que la historia sea contada de forma imaginativa, con gran flexibilidad para la
dirección, guion y vestuario, pero sin la base sólida de la verdadera Liudmila
Ignatenko por detrás, o incluso sin pedirle consejo o permiso con tal de contar
la historia tal cuál fue. En cambio, en sus palabras, contactaron a Liudmila
una vez terminada la serie, solo para dar el “visto bueno” y darle una mínima
retribución económica por “haber aparecido en la serie”, la cual ella consideró
completamente falsa y fraudulenta (aunque HBO sostiene que estuvo en constante
contacto con ella, tanto antes, como durante y al final de la filmación de la
serie). Debido al poco cuidado de la producción, guion y dirección, tras el
estreno de la serie, Ignatenko ha sido acosada por múltiples espectadores,
quienes demuestran su disgusto ante las acciones de Ignatenko de aquellos días.
Sin embargo, ella “aprueba”
la atención al detalle de vestuario y escenas de ciertos momentos de la serie,
llegando a ser conmovida por la breve actuación de Buckley, quien, tanto ella
como la dirección, no logran dar verdadera justicia a una mujer que, a sus 23 años,
fue testigo y víctima de las consecuencias nucleares de Chernóbil. Puntaje: 8/10.
Quinto, Paul Ritter:
aquél obstinado, cínico y desleal Diátlov, aquel personaje recordado en la
infamia por ser quien autorizó y continuó con la prueba de Chernóbil, aun con
todos los protocolos de emergencia indicándole que no era seguro. Pero siguió
adelante, hasta su juicio e incluso después, continuó negando su culpabilidad
en el asunto y culpó, en principio, al personal a su cargo aquella noche de
abril de 1986, solo para, en sus últimos años, escribir informes y libros en
que culpaba y responsabilizaba al “pobre diseño” de la planta nuclear de
Chernóbil, por sobre culpar a otros o asumir la culpa de los hechos y
decisiones tomadas aquella noche.
Aquí, Paul Ritter nos muestra
el lado más cínico y negligente del ser humano, el lado que nos demuestra hasta
dónde el orgullo, la soberbia, injusticia y mentiras puede llevar al ser
humano, incluso teniendo la verdad frente a sus narices. Ritter nos entrega a
un Diátlov preocupado de los resultados, de su propia vida por sobre las demás y
la visión de un hombre al que ya no le preocupa la verdad de las cosas; incluso,
se despreocupa al saber que el estado soviético podría encarcelarlo o matarlo,
pues entiende cómo el Estado de aquellos años funciona: a base de una “verdad
orquestada” y que el público no debe saber que hay fallas en un sistema “perfecto”.
Desde el comienzo de la serie, se nos muestra como un ser de gran estatuto en
las esferas laborales, casi intocable e incluso, en sus momentos de mayor
debilidad, es asistido por otros o con la certeza de que lo sabe todo y de que
es intocable: con una mirada cansada pero penetrante, logra hacer que incluso el
más alto en su cargo le tenga miedo y no tiene miedo en mentir, aun con las
descripciones de los testigos en papel. Ritter nos da un Diátlov intocable,
cansado de ser un jefe de un montón de tipos a los que no le importa,
hambriento de poder y con la obstinada idea de tener siempre una respuesta a
cada cosa que se le cuestiona, sea decisión, acción, recreación o mala praxis en
lo que fueron sus indicaciones y direcciones en la fatal prueba del 26 de abril
de 1986. Puntaje: 10/10
Y finalmente, también
podemos referirnos al resto del elenco que, por su sinigual desplante en
escena, nos dieron la versión más cruda y dura de Chernobyl. Todos los
actores secundarios que actúan breve o significativamente en la serie (pero son
dejados en segundo o tercer plano por buena parte de la serie), mantienen un aire
de gran importancia, impacto y crudeza en la serie. No importa quién sea, cómo
actúe o cuánto tiempo aparezca en pantalla, todos los actores secundarios y
terciarios que aparecen en Chernobyl dan buena fe de su calidad como
actores y actrices.
Tomemos los ejemplos de
los personajes de Viktor Bryukhanov, director de la planta nuclear de Chernóbil
desde 1970 hasta 1986 (Con O’Neill), Nikolai Fomin, jefe de ingeniería de la
planta nuclear de Chernóbil (Adrian Rawlins) y Anatoly Sitnikov (Sam Troughton),
físico y jefe adjunto de operaciones de ingeniería. Los tres aparecen en el
primer episodio y los primeros dos son personajes que son dejados tras
bambalinas, luego del segundo episodio, para finalmente reintroducirlos en el quinto
y último episodio. Sin embargo, su importancia como personajes en la serie son
notorios y sus actuaciones, magistrales. Demuestran claramente cómo eran los
hombres más importantes de la central nuclear de Chernóbil: avariciosos, soberbios,
con sed de poder y con la inexplicable necesidad de comprobar de que “todo
estaba bien”, aun cuando las cosas NO estaban bien, incluso teniendo la verdad
enfrente. En su ceguera y necesidad burocrática de demostrar que todo estaba
bien, Bryukhanov y Fomin hacen malabares entre amenazas y mandar a comprobar
datos innecesariamente, con tal de que el Estado les crean que “todo está bien”,
dando una falsa sensación de seguridad a todo el pueblo soviético. En este caso,
O’Neill y Rawlins logran dar en el clavo al darnos a dos de los tres
responsables de la negligencia burocrática, política, social y humanitaria en
lo que fue el accidente de Chernóbil y la contención de sus consecuencias, al
ser los personajes que debieron ser los principales responsables y primeros en la
línea del deber, al momento de responder ante tal emergencia. Nos demuestran
con su actuación, en cambio, cómo se quedaron de brazos cruzados mientras esta
crisis se vivía día a día, intocables y amenazantes (similares a Diátlov).
Pero, es en el
personaje de Anatoly Sitnikov en quien me quiero aterrizar a fondo. Apareciendo
tan brevemente en pantalla, demuestra la lealtad, inocencia, honestidad, silencioso
terror y pánico que todos compartían, junto con el creciente nerviosismo de
todo el personal de la central nuclear durante la noche de la explosión. Siendo
uno de los pocos físicos-ingenieros de alto rango, se le puede ver altamente
nervioso y estupefacto por todo lo que ocurre y al igual que sus compañeros, no
entiende lo que está pasando realmente, sobre todo al no encontrar una solución
real a la pregunta que propone Fomin, cuando le cuestiona a Sitnikov que el
reactor se encuentra expuesto tras la explosión del reactor: “explícame, ¿cómo es
que explota un reactor nuclear? No una fusión, una explosión”. Tristemente,
Sitnikov es rápidamente ninguneado por Diátlov, Bryukhanov y Fomin, con ellos
tres estableciendo que “todo está bien” y que “no hay nada de qué preocuparse”,
siendo Sitnikov uno de los primeros personajes a los que se le niega
rotundamente exponer la verdad al público y, por lo tanto, mantener el orden de
“normalidad” que los políticos de aquella época luchaban tanto por mantener.
Los demás personajes
que aparecen en pantalla permiten mantener y aumentar ese aire de lealtad, entrega,
desinterés y nerviosismo hacia el pueblo y el Estado soviético, conforme las
horas, días y semanas pasan y la contención se vuelve más y más complicada. Es,
gracias a los personajes secundarios y terciarios, que Chernobyl está
tan bien contada. Todos los personajes de menor importancia cuentan, en
pantalla, sin mucho diálogo, el abrumador miedo y terror de la exposición a la
radiación en los alrededores y de que ningún lugar cercano era seguro; mucho
menos, decir lo que querían decir, pues debían serles fiel al Estado, al pueblo
del que son parte y la idea de mantener al Estado soviético como “el más
perfecto” de la tierra, incluso si hay que mentir y establecer una “nueva
verdad” para lograrlo. Esto se hace más palpable con Ananenko, Bezpalov y Baranov,
quienes, al final del episodio dos, fueron los voluntarios para drenar el agua
del reactor, con el objetivo de detener una eventual explosión de vapor que, de
suceder, destruiría todo a su alrededor y potencialmente, a más de la mitad de
Europa. El verdadero nerviosismo, pánico e ingenuidad de aquellas personas carentes
de conocimiento de lo que sucedía en Chernóbil, se puede apreciar tácitamente
en la escena en que Ananenko, Bezpalov y Baranov entran al subterráneo del
reactor, lleno de agua y al caminar, sus linternas comienzan a apagarse
(probablemente, debido a la radiación) y lo único que les queda son sus propios
rápidos suspiros nerviosos, la creciente oscuridad y sus medidores de radiación
que no paran de indicar que están exponiéndose a grandes cantidades de
radiación, sin forma de salir sin antes llevar a cabo su misión… Puntaje de los
personajes secundarios y terciarios: 10/10.
En resumen, aunque los actores
y personajes principales realizan una actuación formidable (tanto los
responsables en la contención de lo sucedido, como los responsables de la
planta nuclear misma y las víctimas de la radiación), la actuación de esta
serie se acerca a ser una de las más inolvidables debido a los actores
secundarios y terciarios, que demuestran el verdadero dolor, nerviosismo,
angustia y terror de vivir siendo parte de aquel suceso y sus consecuencias. Puntaje:
9.5/10
GUION: Intentaré ser
breve. El guion permite una gran flexibilidad a ser ambiguo, subjetivo y poco
preciso, jugando un poco con las cifras, los relatos de cada uno de los
personajes y los hechos tal cual sucedieron.
Sin embargo, el punto
fuerte del guion es que, si bien todo gira en torno al accidente nuclear,
también gira en torno a los responsables del accidente, sus víctimas y los
responsables de contener todo el problema. De ahí que, se juegue mucho con la
idea de demostrar un Estado autoritario, buscando ser “perfecto”, a la vez que
mantiene un orden público y privado estrechamente burocrático y severo en
cuanto a sus castigos y la necesidad de guardar secretos y contar “nuevas
verdades”, siendo el punto central del guion de Chernóbil el coste de las
mentiras.
El guion gira mucho en
torno a la constante búsqueda de la verdad de lo que realmente pasó en
Chernóbil aquella noche de abril de 1986, pero todo cae en lo mismo:
secretismo, ambigüedad, mentiras y confidencialidad, de mano de un Estado
militar fuertemente autoritario y completamente burocrático, que busca constantemente
promover los ideales de la soberanía idealista soviética, mientras busca no ser
minimizado por ningún organismo o país enemigo (como pasaba con USA en la
Guerra Fría, durante aquellos años), aun si debe contar mentiras o dar amenazas
a diestra y siniestra con tal de que nadie vea sus verdaderas fallas. Sin
embargo, en dicha ambigüedad, se juega mucho con la frustración, el nerviosismo,
la ansiedad y la sorpresa de los personajes, al momento de querer ellos
contener lo sucedido y las soluciones con respecto a cómo podrían ellos
prevenir nuevos acontecimientos como este, mientras luchan con sus ideales
personales, morales, políticos o sociales ante cada obstáculo que el Estado
soviético les pone enfrente.
Con lo anteriormente
mencionado, mucho de lo que sucede en Chernobyl en cuanto al dialogo,
puede tomarse y ponerse en una situación del día a día en tiempo presente y
hará mucho sentido: mucho de lo que se cuenta hoy en día es desmentido por
algún organismo gubernamental o privado de gran poder, llegando a clasificar lo
expuesto como “mentira” y sus autores son ninguneados, llegando a desaparecer o
son encontrados muertos, días después de haber expuesto tal “mentira”, en raras
y/o desconocidas circunstancias.
El guion, de forma
general, en Chernobyl demuestra el comienzo de la era de la posverdad, una
era que sigue sucediendo y que, tristemente hoy, sea aun más difícil exponer la
verdad al público, porque, en palabras del Legásov de Harris, “para ellos [los
políticos], un mundo justo es un mundo cuerdo. No había nada cuerdo con
respecto a Chernóbil”, exponiendo que, incluso antes del nuevo siglo, ya
existían precursores de la posverdad, cuyo poder era tan grande que harían
callar incluso al hombre, mujer o niño más honesto y noble, con tal de que todo
se mantenga tal y cómo está.
En resumen, aunque
pueda parecer molesto la falta de realidad con respecto a ciertos datos duros,
el guion de Chernobyl denuncia grandes problemas relacionados con el
poder, la honestidad y la verdad, siendo temas que, desde aquellos años, nos
vienen persiguiendo a nosotros como sociedad a nivel mundial, denunciando que, en
esta era de la posverdad, nada es completamente verdadero, todo lo que se expone
ante los ojos de la gente de tal o tal acontecimiento es mentira, debiendo ser
nuestro deber entender y reflexionar que estamos en un punto crítico en la búsqueda
y la protección de la verdad real. Una verdad en la cual, desde la unidad y unión
de cada persona en este mundo, podemos hacerles frente a todos aquellos que
mienten en cámara y desafían la exposición de las cosas tal cual suceden. Puntaje:
9/10
CINEMATOGRAFÍA: Ya que
es una producción de HBO en conjunto con Sky, no es de extrañar que los
encuadres sean tan propios del mismo canal. Aunque su director Johan Renck ha
participado de varias producciones de televisión (The Walking Dead, Breaking
Bad, Vikings, Bates Motel y próximamente, la adaptación a
serie del aclamado videojuego, The Last Of Us), su método de dirección
ocupado (configuración de una sola cámara) no difiere mucho de las producciones
más icónicas de HBO. Podemos ver un estilo de dirección muy similar en series
como Game Of Thrones, Westworld o Watchmen. Sin embargo,
Renck juega con algo muy importante: la mirada de los personajes, la cara, sus
emociones y la situación que están viviendo.
La única forma de hacer
que el público esté nervioso, triste o aterrado es meterlos de lleno en una
situación en que los personajes que están viendo están VIVIENDO una experiencia
inmersiva y atemorizante. Aquí, la mirada de los personajes son las que meten
de lleno al espectador a invertir emocionalidad en la serie. Cuando nos
introducen a la serie, en el primer capítulo, nos meten de lleno en el minuto
exacto en que el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil explota y nos
deja con la mirada nerviosa y asustada de Liudmila y Vasili Ignatenko, mientras
miran, desde su ventana, la cercana central.
Asimismo, la mirada de
cada personaje es importante para lo que es el seguimiento de lo que de verdad
está ocurriendo. Gracias a un acercamiento a las expresiones faciales de los
personajes que hay en pantalla, podemos sentirnos parte de lo que sucede y
sentir, en ese silencio, lo que ellos sienten y es de esta forma que Johan
Renck hace un buen trabajo cinematográfico.
En cuanto a las tomas, la
cámara constantemente se va moviendo conforme lo que sucede en el entorno de
los personajes, haciendo un seguimiento de lo que ven o lo que los rodea,
constantemente haciendo acercamientos o alejamientos de cámara para mostrar
realmente, la gravedad de lo que está pasándole al entorno del personaje o al
personaje mismo.
En resumen, la dirección
cinematográfica de Johan Renck en Chernobyl es un completo acierto.
Logra traer al espectador a una nueva clase de suspenso, uno que tiene que ver
más de la mano de lo que no se ve, ni se dice, pero sí se ve y que, desde el inconsciente,
como espectador, se crea ese temor hacia lo que está sucediendo en realidad y
que el miedo, si bien no es palpable, es invisible y existe, está ahí y
atraviesa el aire, como la radiación atraviesa la carne. Puntaje: 10/10
Para concluir, a modo
de resumen, Chernobyl es una miniserie que, con las minúsculas fallas y
errores de hechos concretos tal y como pasaron, se presenta con uno de los
mayores desafíos de todos: poner un hecho concreto de la humanidad al
descubierto, con el mismo aire de nerviosismo, dolor, misterio y tragedia que
fue el accidente de Chernóbil, su evacuación, contención y consecuencias
posteriores.
Todo encuadre, todo
diálogo, toda actuación, todo tema tocado y su importantísima música permite
que esta serie brille como ninguna otra, entregando en no más de cinco
episodios una de las historias más crudas de la humanidad, una que, si no somos
lo suficientemente cuidadosos, estaremos condenados a repetir hasta el final de
los tiempos…
Esta miniseries es DIGNA DE VERSE. Aunque, hay
que ser justos y es necesario advertir al espectador: esta serie representa un
desafío a nivel dramático, pues rompe con el drama y llena de terror
psicológico al espectador, dejando al espectador con nervios ante la vida. Advertimos
desde ya que, para el público más sensible a emociones fuertes, después de ver
la serie, podría experimentar una gran desconfianza, miedo e intranquilidad con
todo cuanto le rodea, pues la serie trata de algo que PASÓ en la vida real.
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ReViewer World Critic

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