Reseña – Chernobyl


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Si el mismísimo nombre de Chernóbil le podría sonar a cualquiera, es porque el 26 de abril de 1986 ocurrió uno de los accidentes nucleares más grandes y desastrosos de la historia de la humanidad (claro que, va por ahí con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón en 2011, pero, debido al secretismo y la censura de la decadente URSS en aquellos años, no hay un registro claro del impacto humanitario y medioambiental del accidente de Chernóbil y medio que la gente tampoco quiso investigar a un gobierno tan secreto y tan duro como era la URSS). Escuchar el nombre de Chernóbil ya significa “desastre”, “energía nuclear” y “la decadencia del sistema tecnológico y humano para controlar algo tan abrasivo e intenso como lo es el mismísimo uranio”.

Dentro de la misma historia, la cultura pop y los constantes recordatorios de parte de las noticias (tras accidentes o aniversarios del accidente o similares) y los expertos, el accidente de Chernóbil se ha impregnado casi por inercia en nuestro ADN, recordándonos lo frágil que son las formas de crear electricidad, los combustibles puros para la humanidad y cómo una sola mala decisión puede destruir miles de vidas por décadas – incluso, siglos – a futuro.

Entonces, si esta miniserie de HBO y Sky se creó con la intención de contar y recordar lo crudo del mismo accidente, desde el punto de vista de varias personas presentes en la mismísima ciudad de Prípiat y sus alrededores, junto con todo lo que sufrieron y todo lo que esforzaron por contener este desastre, ¿por qué se creó Chernobyl? ¿Por qué recordar algo tan crudo y doloroso como lo es la negligencia humana, el peso del orgullo y el precio a pagar de las mentiras, cuando el resultado final son miles de vidas destrozadas por el cáncer, la movilización de todas las personas en lo que hoy, son ciudades fantasmas, pero que, en su momento, eran la promesa de una ciudad llena de vida, energía y esperanza para una cada vez más decadente URSS?

Fácil: porque la miniserie de 2019 da un giro muy personal, dándole justicia y voz a todos aquellos involucrados en dicho accidente, permitiéndole dar una visión más íntima y desgarradora que lo que cualquier sitio como Wikipedia o algún historiador pueda contar sobre el accidente de Chernóbil. Aquí, en esta reseña, nos detendremos a analizar un poco más de la miniserie de HBO y Sky, Chernobyl.

TRAMA: Como se comentó antes, Chernobyl es una miniserie (literal, 5 capítulos de una hora cada episodio, aprox.) que trata del accidente de la planta nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, cuyo impacto humano y medioambiental ha sido tan impactante y profundo que, hasta la fecha, no hay una forma real de medir su verdadero impacto en Europa y el mundo.

La serie inicia jugando con los resultados finales del accidente, dos años después del accidente e instantáneamente, nos trae de lleno al mismísimo instante en que la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, ubicado en las cercanías de Prípiat y Chernóbil, explota. A la lejanía, los ingenuos residentes de Prípiat y Chernóbil sienten el fuerte temblor tras la explosión y el haz de luz que emana la misma central; mientras que, dentro de la central, cunde el caos y la confusión, mientras los físicos y expertos de la central no entienden qué es lo que pasó en la prueba realizada, tras presionar el botón AZ-5 o botón de Defensa de Emergencia Rápida 5 (que detendría toda la operación). Anatoly Dyatlov (personificado por Paul Ritter), ingeniero en jefe adjunto de la central nuclear de Chernóbil y supervisor de la prueba de aquel día, en su soberbia, orgullo y ceguera, no quiso ver o asumir que la prueba fue un completo fracaso y envió a sus compañeros de la sala de control a revisar qué falló en el reactor, sin saber que los llevaría a una letal exposición de radiación. Poco después de la explosión, los servicios de bomberos y hospitales comenzaron a trabajar a toda máquina por tratar esta emergencia, sin saber que se estaban exponiendo a grandes dosis de radiación, al tratar a toda persona que llegaba: bomberos, físicos, ingenieros, transeúntes, etc.

Habiendo pasado menos de 12 horas del accidente, Valeri Legásov (personificado por Jared Harris), científico en la química inorgánica, es informado del accidente y se le ordena proporcionar asesoramiento técnico al comité de investigación, encargado de gestionar una respuesta al público. Acompañado de un confiado y escéptico Borís Shcherbina (interpretado por Stellan Skarsgård), vicepresidente del Consejo de Ministros entre 1984 y 1989, Legásov llega a Chernóbil, solo para horrorizarse de lo sucedido: el reactor de la central nuclear explotó y está lanzando a la atmosfera millones de partículas de radiación. Habiendo llegado a tierra, Legásov intenta de explicarle la magnitud de lo ocurrido a Shcherbina y conforme pasan los días, no solo la radiación se expande por los alrededores, afectando a las personas, animales y el medioambiente, haciendo que el gobierno traslade a los miles de residentes de la ciudades cercanas (como Prípiat y Chernóbil), sino que, los problemas aumentan y la contención se vuelve más y más complicada, siendo trabajo de Legásov, Shcherbina y sus subordinados y aliados (como lo es la ficcional Uliana Khomyuk, interpretada por Emily Watson, que condensa a todos los científicos y expertos que apoyaron a Legásov en descubrir la verdad), arreglar este problema, hallar una solución al problema principal, además de los cabos sueltos y un culpable a este desastre, mientras se combate por descubrir la verdad y demostrarla al público, teniendo como principal aliado y enemigo al Estado soviético…

Resulta muy complicado contar la trama de la serie SIN dar mucho spoiler. Habiendo dicho eso, la trama de Chernobyl es una trama sumamente inmersiva, potente a nivel sentimental y personal. Desde el minuto uno, el espectador se pregunta: ¿qué rayos es lo que estoy viendo? Lo que está viendo es una serie que, si bien a ratos va lento, a otros ratos lanza muchísima información en muy poco tiempo. Pero, sobre todo, la trama trata exclusivamente sobre los personajes detrás del accidente de Chernóbil, el equipo de investigación y contención, las personas afectadas, fallecidas y los subordinados que dieron sus vidas para contener, limpiar y salvar lo que más se pudiera de los alrededores. Trata sobre aquellas personas que podrían ser insignificantes en los libros de historia, tan insignificantes que ni siquiera llegaron al libro. Esta miniserie les da justicia y voz, permitiéndoles aparecer en pantalla y desde los pocos registros de los hechos, dar cuenta de cómo las personas sufrieron y abandonaron sus vidas por el accidente nuclear.

Habiendo investigado un poco sobre la serie, resulta molesto que, primero, no haya suficientes registros fotográficos, textuales, escritos o en video para que el público común pueda entender la magnitud de lo sucedido. Literal, si uno investiga sobre el accidente de Chernóbil desde el punto de vista de los afectados o participantes de la prueba o los encargados de limpieza, hoy hay mayores registros (debido a internet, YouTube y testimonios subidos a la red), pero hace 35 años atrás, todo era en papel y muy pocos individuos, podían grabar cosas como las ocurridas en aquel accidente. De hecho, se sabe que muchos de los registros escritos o grabados en cámara del accidente de Chernóbil han sido guardados por el gobierno soviético de esos años y hoy, es asunto de seguridad nacional para Rusia: intentar investigar o exponer los registros del Estado al público sobre lo ocurrido en Chernóbil está estrictamente prohibido, penado por ley y grandes penas caerán sobre todo aquél que lo intente.

Segundo: debido al punto anterior (la ambigüedad de los registros de los hechos, las personas afectadas o los involucrados en el accidente y su contención), resulta molesto que HBO y Sky se tomaran la libertad de jugar un poco con los personajes y poner diálogos que, en realidad, podrían ni siquiera haber ocurrido, haciendo que los personajes sean de cierta forma y se muestren de una forma que, a lo mejor, no les dan justicia del todo. Ejemplo tácito de ello, es la de Liudmila Ignatenko, esposa del bombero Vasili Ignatenko (muerto por la exposición a grandes dosis de radiación, tras haber ayudado en la contención del incendio del reactor nuclear), quien, hoy en día, ha protestado contra la serie, argumentando que, en ningún momento, se contactaron con ella, con tal de pedirle permiso o asesoramiento en cuanto a la creación y desarrollo de su personaje en la serie. Si bien HBO tiene una opinión, siendo un canal de televisión y productora cinematográfica tan importante e imponente como lo es, no es de extrañar que impongan su versión de los hechos, callando a Liudmila.

Lo único bueno que se puede rescatar de este punto es que, si bien existe cierta ambigüedad práctica de los hechos, gracias a los esfuerzos de Svetlana Aleksiévich, escritora bielorrusa, ganadora del Premio Nobel por su libro Voces de Chernóbil, donde expone lo sucedido a base de la recopilación de recuerdos locales de los exresidentes de Prípiat. Por tanto, si bien hay y existe cierta ambigüedad científica o no hay pruebas suficientes, dicho libro permite dar prueba fidedigna de los hechos, incluso a un nivel más personal e íntimo que Chernobyl mismo.

Tercero: aunque existe ambigüedad, Chernobyl muestra una potente forma de demostrar lo que sucede cuando el hombre va más allá de la mentira y crea una verdad que no es la verdad misma, siendo el accidente de Chernóbil uno de los primeros ejemplos de la posverdad en el siglo XX, algo que en el siglo XXI hemos combatido día a día, debido a noticias falsas, políticos corruptos o líneas editoriales sin escrúpulos ni moral. Lo que pasó en Chernóbil da para una seguidilla de series y películas desde todos los puntos de vista imaginables, pues no es una historia ficticia: es una historia real, ocurrió en nuestro planeta, hace más de 30 años y su impacto sigue acechándonos hasta el día de hoy. Si uno lo quiere ver desde el punto de vista científico, medioambiental, social, político, moral, etc.…, hay potencial para todo eso como película o serie.

En resumen, la trama de Chernobyl resulta sumamente inmersiva, potente y atrapante, escalofriante, íntima y personal, pero que, a falta de datos duros concretos, debe apoyarse en un único libro de testimonios, cayéndose un poco en los datos duros exactos sobre la magnitud del accidente y su impacto al mundo, haciendo que la trama en sí misma sea parte de una desafiante producción. Puntaje: 9/10

MÚSICA (Y SONIDO): Para la banda sonora original de la serie, consiguieron a una maestra de sonidos inquietantes y crudos… y es que Hildur Guðnadóttir arremete con todo en esta serie. Curiosamente, la serie se estrenó el mismo año que Joker de Todd Phillips, protagonizado por Joaquín Phoenix como Arthur Fleck / Joker, siendo dicha película la que le permitió brillar a Hildur en los Oscar, otorgándole la estatuilla por “Mejor banda sonora original”, junto con otros tantos galardones como el BAFTA, los Critics’ Choice Awards, los Globos de Oro, entre tantos otros.

Ambas producciones permitieron hacer que Hildur Guðnadóttir apareciera en la producción musical y aunque un poco desconocida para los críticos de las series, Hildur permitió hacer que Chernobyl se volviera aún más espeluznante de lo que ya era. Hildur, con su experimentación y especialidad en cuerdas (violín, cello), con una producción experimental en las voces y un toque de estática y sonidos graves, logra crear y capturar una atmosfera atrapante e inquietante, desafiante para el espectador, quien no podrá mantenerse tranquilo frente a su asiento, viendo las crudas imágenes, acompañadas de la música de Hildur que pondría los pelos de punta, incluso, al más valiente. Si bien las escenas que se ven en pantalla ya son bastante crudas, la música que Hildur proporciona a la serie logra suministrar un aire de expectativa, terror, nerviosismo e inquietud a cada escena en pantalla, propias de un thriller psicológico, pero en un drama histórico tan trágico como lo es Chernobyl.

Si uno compara la música de Chernobyl con Joker, tienen la misma esencia de partida, pero manifestada de forma distinta: si bien en Joker Hildur captura la esencia de soledad, abandono, poca empatía y locura creciente, en Chernobyl logra capturar la forma en que el terror hacia el peligro de la exposición radiactiva en su máximo esplendor se apodera del ser humano y no piensa correctamente, afectándole en sus decisiones o en su forma de ver los hechos (sobre todo, al vivir bajo la presión de un estado opresor, que constantemente estaba detrás de ti, velando por tu silencio y la completa seguridad del Estado, como pasaba con la URSS). Aquí, Hildur permite esa inmersión necesaria para crear un ambiente de aún más tensión, inquietud, nerviosismo, angustia y miedo, rozando el terror psicológico, dando la sensación de que, incluso el espectador, está en peligro de morir por la radiación que emana Chernóbil, frente a su pantalla. Gracias a Hildur, como espectador, uno queda más nervioso de todo lo que sucede a su alrededor, sea lo más cotidiano y normal posible, pues ella logra dar el último esfuerzo para hacer que esta serie sea tan aterradora como lo es de atrapante y bien realizada.

En resumen, no hay otra persona como Hildur Guðnadóttir que pueda crear un ambiente musical tan terrorífico, denso e inmersivo como lo logra ella. Apostar por ella en el área musical fue la decisión correcta, al permitirle darle rienda suelta, al crear la música de Chernobyl y que ésta, sea tan íntima como atemorizante y escalofriante. Sin dudas, uno de sus mejores trabajos. Puntaje: 10/10

ACTUACIÓN: Como es tradición, en el último tiempo, si vamos a hablar de actuación, hemos de hablar de los personajes más importantes de la serie (pues, si bien los actores y extras son muchísimos para enumerar, es preciso hablar y analizar a los actores que le dan a la serie el pilar central de actuación). En este caso, estamos hablado de los personajes de Valery Legásov (Jared Harris), Borís Shcherbina (Stellan Skarsgård), Uliana Khomyuk (Emily Watson), Liudmila Ignatenko (Jessie Buckley) y Anatoly Diátlov (Paul Ritter), junto con los actores que encarnan a dichos personajes en la vida real.

Primero, Jared Harris: interpretar a un científico del campo de la química inorgánica, serio y directo, respetuoso y leal a sus compañeros, pero con buenos valores morales (como la búsqueda y exposición de la verdad, incluso si le cuesta la vida) podría suponer un desafío para cualquiera, sobre todo si no existe un registro real y veraz de cómo era la verdadera personalidad de Valery Legásov, en vida y en ese entonces. Pero, dentro del poco y nulo registro de video o escrito que hay de esos años, Jared Harris logra personificar de buena forma a una persona que, en su lucha por demostrar la verdad, se ve enfrentado ante la mano del sistema político soviético que, en su afán por mantener el orden y la imagen de un “sistema político perfecto” y miente y calla a todo aquél que le desafíe por decir la verdad al mundo. Aquí, Harris lucha contra todos sus ideales y su idea de sobrevivir, sabiendo que, si dice algo al público que no es del agrado del Estado o sus mandatarios, lo más probable es que sea encarcelado, castigado y/o asesinado.

Harris nos muestra a un hombre que, en primera instancia, con total ingenuidad, es llevado al lugar de los hechos para dar un informe de la situación y evaluar cómo contener este hecho. A medida que avanza la serie, no solo se muestra horrorizado ante lo que ve frente a sus ojos, sino que también nervioso por cómo el Estado soviético está tratando este hecho. De no haber sido por su compañero político, Boris Shcherbina (del cual hablaremos más adelante), nadie habría podido contener el accidente y sus consecuencias como ellos dos lo hicieron. Harris interpreta a un hombre comprometido con su trabajo, pero, sobre todo, comprometido con el pueblo, con la moral y la verdad, queriendo siempre intentar de dar con las cifras exactas, el impacto real de la situación, e incluso gritar la verdad, por muy fea que suene. En esta serie, Harris lucha por la verdad, sabiendo que la verdad le duele a un Estado que, en aquellos años, buscaba siempre mostrarse orgulloso, gallardo y perfecto en todo sentido, pero, con Legásov siendo el cable a tierra de Gorbachov, Diátlov y Shcherbina, hay un margen de objetividad y real peligro en todo esto, mostrándonos a alguien que, intranquilo y nervioso por lo que sucede a su alrededor y las consecuencias de sus acciones, lucha incansable por la verdad… aun cuando lograr demostrar la verdad, le traiga consecuencias más nefastas de lo que creyó posible.

Legásov, interpretado por Harris, demuestra la verdadera objetividad, preocupación y antelación a los posibles hechos futuros, intentando ir siempre más allá del accidente en cuestión y analiza las eventuales amenazas que el reactor expuesto pueda traer a todos, incluyendo callar la verdad, hasta que la verdad es tan necesaria que debe ser gritada, sabiendo lo que significa siquiera decir la verdad, sea en el tono y la forma que sea. Puntaje: 10/10

Segundo, Stellan Skarsgård: rayos, ¿por dónde empezar? Skarsgård nos entrega uno de sus mejores papeles hasta la fecha. Interpretando al inicialmente confiado, escéptico, burlón y amenazante Borís Shcherbina, poco a poco, se crea una suerte de viaje del héroe donde Shcherbina pasa de ser un simple testigo de los hechos a un aguerrido participante, dispuesto a remover cielo, mar y tierra con tal de contener este accidente o sus consecuencias. Pasa de ser un tipo al que le encargan manejar el desastre y que, como todo político de aquellas esferas, demuestra gran soberbia al decir que es un problema como tantos otros, que se solucionará apenas ponga un pie en el lugar. Pero, a medida que avanza la serie, Shcherbina se da cuenta que todo es más complicado, gracias a la objetividad y real preocupación que aporta Legásov (Harris) y que debe involucrarse de lleno en el asunto, llegando incluso a sentir culpa, enojar e increpar a los altos mandos por aportar poco y nada a la contención del accidente nuclear.

Aun así, Shcherbina, como político soviético que es, sabe lo que los altos mandos hacen tras bambalinas y cómo funciona la “verdad política” ante las investigaciones de Khomyuk y Legásov, anteponiéndose a luchar por “decir la verdad” y ser cauto, callado y dejar que las cosas vayan acorde a las indicaciones del Estado, trayendo a la mesa el verdadero aire de lealtad por contener el accidente, pero al mismo tiempo, siempre leal y temeroso de los castigos que el Estado podría ponerle encima, a él o a su equipo. Skarsgård nos da aquí al hombre más importante en la contención del accidente de Chernóbil, mostrándonos el lado más leal y humano del compañero que, teniendo todos los recursos para solucionar un problema, los pone en la mesa y si algo no funciona, hace que funcione, pone las manos al fuego y logra que el equipo logre su objetivo. Puntaje: 10/10

Tercero, Emily Watson: hay que ser sinceros, hablar de este personaje es complicado. Primero, porque es un personaje completamente ficticio. Así es: Uliana Khomyuk no existió, fue creada para esta serie para condensar el esfuerzo de cientos de científicos soviéticos que dieron su vida y trabajo para apoyar a Legásov y Shcherbina a contener esta crisis nuclear y humanitaria. Dada la cantidad de científicos que dieron su mayor esfuerzo para contener las consecuencias del accidente nuclear, Khomyuk fue creada y la subjetividad de la personalidad y compromiso de cada científico real por detrás, desconocido para el público, nace.

Por otra parte, al ser un personaje completamente ficticio, pero con una base sólida de historia de origen, Khomyuk trae a la mesa la verdadera subjetividad de los hechos y acciones tomadas por Legásov y Shcherbina. Lo único objetivo de parte de Khomyuk es que, al igual que todos los científicos y expertos que componían el equipo de apoyo y contención de Legásov y Shcherbina, buscaban decirle la verdad al público, incluso si era necesario dar su vida por ello. Ellos fueron quienes presionaron a Legásov a ver más allá de lo que sucedía realmente y que sus acciones podrían repercutir si no actuaban con rapidez. También, fueron los que apoyaron y presionaron a Legásov a cuestionar sus ideales morales y políticos, en beneficio de decirle la verdad al público.

Pero, hay que destacar que, dentro de la subjetividad y ambigüedad de cuántos científicos eran o cómo eran sus personalidades, Emily Watson nos da una puesta en escena impecable, propia de muchas de muchas de sus actuaciones previas. Humana, seria, objetiva, desafiante y directa, Watson nos entrega a una mujer, experta en estos asuntos y comprometida con la búsqueda de la verdad, desafiante ante cualquier obstáculo y crítica ante toda medida tomada para la contención del accidente. El único defecto de Watson en esta serie no tiene que ver con su actuación, sino con la construcción del personaje mismo, pues, desde el área del guion y la dirección se debió haber pulido un poco más a este personaje, al ser este, uno que condensa la vida, trabajo y esfuerzo de múltiples personas, en un solo cuerpo, una sola persona. Puntaje: 9/10

Cuarto, Jessie Buckley: la triste y desesperada mujer de Vasili Ignatenko, Liudmila. A pesar de ser uno de los primeros personajes que vemos en pantalla apenas comienza la serie, Buckley no logra aparecer suficiente tiempo en pantalla como para darle justicia al personaje que interpreta. Desde la misma actriz, se puede ver una gran presión por encajar en un papel realizado, sin mucha investigación, sin mucho cuidado y poca preocupación por corroborar información con la real (y aun viva) Liudmila Ignatenko, que tenía 56 años al momento del estreno de la miniserie. Incluso, en varios portales de noticias, Ignatenko ha manifestado su molestia hacia HBO, quienes deliberadamente y sin su permiso, tomaron su historia y la pusieron en la serie, sin cuidado de ciertas partes de la historia de su esposo, Vasili Ignatenko, uno de los primeros bomberos en acudir al accidente nuclear para su contención o la de Natasha, hija de ambos que ella esperaba en aquél entonces, teniendo siete meses de embarazo al momento de la prueba.

Este es un personaje puesto en pantalla para demostrar el lado más humano de los afectados en el accidente: los civiles residentes de Prípiat, Chernóbil y las ciudades aledañas, todas pertenecientes a la Zona de Exclusión. De haber sido otro el objetivo principal de crear esta serie (mostrar el lado más íntimo y personal de todos aquellos que tuvieron que irse de sus casas dos días después del accidente o perdiendo seres queridos en el camino), la historia de Liudmila no habría sido puesta en pantalla. Pero, en este caso, Liudmila muestra el verdadero dolor que cientos de familias tuvieron que atravesar al ser testigos, participantes o habitantes cercanos a la central.

En la serie, Buckley no aparece lo suficiente en pantalla y es que, debido al mal manejo y profundidad del equipo de investigación y guion de parte de la dirección de la serie, pareciera que la historia de los Ignatenko es una historia forzada, puesta en escena para contar el verdadero objetivo de toda la serie, pero apareciendo lo justo y necesario. Buckley nos muestra, con dificultad, una mujer que, nerviosa, esperanzada y finalmente destrozada por el destino de su esposo y su familia, lucha contra todas las adversidades para ser feliz, junto a quienes ama. Pero, durante las escenas que aparece Liudmila y debería demostrar una completa destrucción facial, debido a los angustiantes hechos a su alrededor, Buckley nos entrega una actuación precisa, aunque mediocre, dando solo lo necesario para aparecer en pantalla y retirarse a un tercer plano.

Su actuación permite que la historia sea contada de forma imaginativa, con gran flexibilidad para la dirección, guion y vestuario, pero sin la base sólida de la verdadera Liudmila Ignatenko por detrás, o incluso sin pedirle consejo o permiso con tal de contar la historia tal cuál fue. En cambio, en sus palabras, contactaron a Liudmila una vez terminada la serie, solo para dar el “visto bueno” y darle una mínima retribución económica por “haber aparecido en la serie”, la cual ella consideró completamente falsa y fraudulenta (aunque HBO sostiene que estuvo en constante contacto con ella, tanto antes, como durante y al final de la filmación de la serie). Debido al poco cuidado de la producción, guion y dirección, tras el estreno de la serie, Ignatenko ha sido acosada por múltiples espectadores, quienes demuestran su disgusto ante las acciones de Ignatenko de aquellos días.

Sin embargo, ella “aprueba” la atención al detalle de vestuario y escenas de ciertos momentos de la serie, llegando a ser conmovida por la breve actuación de Buckley, quien, tanto ella como la dirección, no logran dar verdadera justicia a una mujer que, a sus 23 años, fue testigo y víctima de las consecuencias nucleares de Chernóbil. Puntaje: 8/10.

Quinto, Paul Ritter: aquél obstinado, cínico y desleal Diátlov, aquel personaje recordado en la infamia por ser quien autorizó y continuó con la prueba de Chernóbil, aun con todos los protocolos de emergencia indicándole que no era seguro. Pero siguió adelante, hasta su juicio e incluso después, continuó negando su culpabilidad en el asunto y culpó, en principio, al personal a su cargo aquella noche de abril de 1986, solo para, en sus últimos años, escribir informes y libros en que culpaba y responsabilizaba al “pobre diseño” de la planta nuclear de Chernóbil, por sobre culpar a otros o asumir la culpa de los hechos y decisiones tomadas aquella noche.

Aquí, Paul Ritter nos muestra el lado más cínico y negligente del ser humano, el lado que nos demuestra hasta dónde el orgullo, la soberbia, injusticia y mentiras puede llevar al ser humano, incluso teniendo la verdad frente a sus narices. Ritter nos entrega a un Diátlov preocupado de los resultados, de su propia vida por sobre las demás y la visión de un hombre al que ya no le preocupa la verdad de las cosas; incluso, se despreocupa al saber que el estado soviético podría encarcelarlo o matarlo, pues entiende cómo el Estado de aquellos años funciona: a base de una “verdad orquestada” y que el público no debe saber que hay fallas en un sistema “perfecto”. Desde el comienzo de la serie, se nos muestra como un ser de gran estatuto en las esferas laborales, casi intocable e incluso, en sus momentos de mayor debilidad, es asistido por otros o con la certeza de que lo sabe todo y de que es intocable: con una mirada cansada pero penetrante, logra hacer que incluso el más alto en su cargo le tenga miedo y no tiene miedo en mentir, aun con las descripciones de los testigos en papel. Ritter nos da un Diátlov intocable, cansado de ser un jefe de un montón de tipos a los que no le importa, hambriento de poder y con la obstinada idea de tener siempre una respuesta a cada cosa que se le cuestiona, sea decisión, acción, recreación o mala praxis en lo que fueron sus indicaciones y direcciones en la fatal prueba del 26 de abril de 1986. Puntaje: 10/10

Y finalmente, también podemos referirnos al resto del elenco que, por su sinigual desplante en escena, nos dieron la versión más cruda y dura de Chernobyl. Todos los actores secundarios que actúan breve o significativamente en la serie (pero son dejados en segundo o tercer plano por buena parte de la serie), mantienen un aire de gran importancia, impacto y crudeza en la serie. No importa quién sea, cómo actúe o cuánto tiempo aparezca en pantalla, todos los actores secundarios y terciarios que aparecen en Chernobyl dan buena fe de su calidad como actores y actrices.

Tomemos los ejemplos de los personajes de Viktor Bryukhanov, director de la planta nuclear de Chernóbil desde 1970 hasta 1986 (Con O’Neill), Nikolai Fomin, jefe de ingeniería de la planta nuclear de Chernóbil (Adrian Rawlins) y Anatoly Sitnikov (Sam Troughton), físico y jefe adjunto de operaciones de ingeniería. Los tres aparecen en el primer episodio y los primeros dos son personajes que son dejados tras bambalinas, luego del segundo episodio, para finalmente reintroducirlos en el quinto y último episodio. Sin embargo, su importancia como personajes en la serie son notorios y sus actuaciones, magistrales. Demuestran claramente cómo eran los hombres más importantes de la central nuclear de Chernóbil: avariciosos, soberbios, con sed de poder y con la inexplicable necesidad de comprobar de que “todo estaba bien”, aun cuando las cosas NO estaban bien, incluso teniendo la verdad enfrente. En su ceguera y necesidad burocrática de demostrar que todo estaba bien, Bryukhanov y Fomin hacen malabares entre amenazas y mandar a comprobar datos innecesariamente, con tal de que el Estado les crean que “todo está bien”, dando una falsa sensación de seguridad a todo el pueblo soviético. En este caso, O’Neill y Rawlins logran dar en el clavo al darnos a dos de los tres responsables de la negligencia burocrática, política, social y humanitaria en lo que fue el accidente de Chernóbil y la contención de sus consecuencias, al ser los personajes que debieron ser los principales responsables y primeros en la línea del deber, al momento de responder ante tal emergencia. Nos demuestran con su actuación, en cambio, cómo se quedaron de brazos cruzados mientras esta crisis se vivía día a día, intocables y amenazantes (similares a Diátlov).

Pero, es en el personaje de Anatoly Sitnikov en quien me quiero aterrizar a fondo. Apareciendo tan brevemente en pantalla, demuestra la lealtad, inocencia, honestidad, silencioso terror y pánico que todos compartían, junto con el creciente nerviosismo de todo el personal de la central nuclear durante la noche de la explosión. Siendo uno de los pocos físicos-ingenieros de alto rango, se le puede ver altamente nervioso y estupefacto por todo lo que ocurre y al igual que sus compañeros, no entiende lo que está pasando realmente, sobre todo al no encontrar una solución real a la pregunta que propone Fomin, cuando le cuestiona a Sitnikov que el reactor se encuentra expuesto tras la explosión del reactor: “explícame, ¿cómo es que explota un reactor nuclear? No una fusión, una explosión”. Tristemente, Sitnikov es rápidamente ninguneado por Diátlov, Bryukhanov y Fomin, con ellos tres estableciendo que “todo está bien” y que “no hay nada de qué preocuparse”, siendo Sitnikov uno de los primeros personajes a los que se le niega rotundamente exponer la verdad al público y, por lo tanto, mantener el orden de “normalidad” que los políticos de aquella época luchaban tanto por mantener.

Los demás personajes que aparecen en pantalla permiten mantener y aumentar ese aire de lealtad, entrega, desinterés y nerviosismo hacia el pueblo y el Estado soviético, conforme las horas, días y semanas pasan y la contención se vuelve más y más complicada. Es, gracias a los personajes secundarios y terciarios, que Chernobyl está tan bien contada. Todos los personajes de menor importancia cuentan, en pantalla, sin mucho diálogo, el abrumador miedo y terror de la exposición a la radiación en los alrededores y de que ningún lugar cercano era seguro; mucho menos, decir lo que querían decir, pues debían serles fiel al Estado, al pueblo del que son parte y la idea de mantener al Estado soviético como “el más perfecto” de la tierra, incluso si hay que mentir y establecer una “nueva verdad” para lograrlo. Esto se hace más palpable con Ananenko, Bezpalov y Baranov, quienes, al final del episodio dos, fueron los voluntarios para drenar el agua del reactor, con el objetivo de detener una eventual explosión de vapor que, de suceder, destruiría todo a su alrededor y potencialmente, a más de la mitad de Europa. El verdadero nerviosismo, pánico e ingenuidad de aquellas personas carentes de conocimiento de lo que sucedía en Chernóbil, se puede apreciar tácitamente en la escena en que Ananenko, Bezpalov y Baranov entran al subterráneo del reactor, lleno de agua y al caminar, sus linternas comienzan a apagarse (probablemente, debido a la radiación) y lo único que les queda son sus propios rápidos suspiros nerviosos, la creciente oscuridad y sus medidores de radiación que no paran de indicar que están exponiéndose a grandes cantidades de radiación, sin forma de salir sin antes llevar a cabo su misión… Puntaje de los personajes secundarios y terciarios: 10/10.

En resumen, aunque los actores y personajes principales realizan una actuación formidable (tanto los responsables en la contención de lo sucedido, como los responsables de la planta nuclear misma y las víctimas de la radiación), la actuación de esta serie se acerca a ser una de las más inolvidables debido a los actores secundarios y terciarios, que demuestran el verdadero dolor, nerviosismo, angustia y terror de vivir siendo parte de aquel suceso y sus consecuencias. Puntaje: 9.5/10

GUION: Intentaré ser breve. El guion permite una gran flexibilidad a ser ambiguo, subjetivo y poco preciso, jugando un poco con las cifras, los relatos de cada uno de los personajes y los hechos tal cual sucedieron.

Sin embargo, el punto fuerte del guion es que, si bien todo gira en torno al accidente nuclear, también gira en torno a los responsables del accidente, sus víctimas y los responsables de contener todo el problema. De ahí que, se juegue mucho con la idea de demostrar un Estado autoritario, buscando ser “perfecto”, a la vez que mantiene un orden público y privado estrechamente burocrático y severo en cuanto a sus castigos y la necesidad de guardar secretos y contar “nuevas verdades”, siendo el punto central del guion de Chernóbil el coste de las mentiras.

El guion gira mucho en torno a la constante búsqueda de la verdad de lo que realmente pasó en Chernóbil aquella noche de abril de 1986, pero todo cae en lo mismo: secretismo, ambigüedad, mentiras y confidencialidad, de mano de un Estado militar fuertemente autoritario y completamente burocrático, que busca constantemente promover los ideales de la soberanía idealista soviética, mientras busca no ser minimizado por ningún organismo o país enemigo (como pasaba con USA en la Guerra Fría, durante aquellos años), aun si debe contar mentiras o dar amenazas a diestra y siniestra con tal de que nadie vea sus verdaderas fallas. Sin embargo, en dicha ambigüedad, se juega mucho con la frustración, el nerviosismo, la ansiedad y la sorpresa de los personajes, al momento de querer ellos contener lo sucedido y las soluciones con respecto a cómo podrían ellos prevenir nuevos acontecimientos como este, mientras luchan con sus ideales personales, morales, políticos o sociales ante cada obstáculo que el Estado soviético les pone enfrente.

Con lo anteriormente mencionado, mucho de lo que sucede en Chernobyl en cuanto al dialogo, puede tomarse y ponerse en una situación del día a día en tiempo presente y hará mucho sentido: mucho de lo que se cuenta hoy en día es desmentido por algún organismo gubernamental o privado de gran poder, llegando a clasificar lo expuesto como “mentira” y sus autores son ninguneados, llegando a desaparecer o son encontrados muertos, días después de haber expuesto tal “mentira”, en raras y/o desconocidas circunstancias.

El guion, de forma general, en Chernobyl demuestra el comienzo de la era de la posverdad, una era que sigue sucediendo y que, tristemente hoy, sea aun más difícil exponer la verdad al público, porque, en palabras del Legásov de Harris, “para ellos [los políticos], un mundo justo es un mundo cuerdo. No había nada cuerdo con respecto a Chernóbil”, exponiendo que, incluso antes del nuevo siglo, ya existían precursores de la posverdad, cuyo poder era tan grande que harían callar incluso al hombre, mujer o niño más honesto y noble, con tal de que todo se mantenga tal y cómo está.

En resumen, aunque pueda parecer molesto la falta de realidad con respecto a ciertos datos duros, el guion de Chernobyl denuncia grandes problemas relacionados con el poder, la honestidad y la verdad, siendo temas que, desde aquellos años, nos vienen persiguiendo a nosotros como sociedad a nivel mundial, denunciando que, en esta era de la posverdad, nada es completamente verdadero, todo lo que se expone ante los ojos de la gente de tal o tal acontecimiento es mentira, debiendo ser nuestro deber entender y reflexionar que estamos en un punto crítico en la búsqueda y la protección de la verdad real. Una verdad en la cual, desde la unidad y unión de cada persona en este mundo, podemos hacerles frente a todos aquellos que mienten en cámara y desafían la exposición de las cosas tal cual suceden. Puntaje: 9/10

CINEMATOGRAFÍA: Ya que es una producción de HBO en conjunto con Sky, no es de extrañar que los encuadres sean tan propios del mismo canal. Aunque su director Johan Renck ha participado de varias producciones de televisión (The Walking Dead, Breaking Bad, Vikings, Bates Motel y próximamente, la adaptación a serie del aclamado videojuego, The Last Of Us), su método de dirección ocupado (configuración de una sola cámara) no difiere mucho de las producciones más icónicas de HBO. Podemos ver un estilo de dirección muy similar en series como Game Of Thrones, Westworld o Watchmen. Sin embargo, Renck juega con algo muy importante: la mirada de los personajes, la cara, sus emociones y la situación que están viviendo.

La única forma de hacer que el público esté nervioso, triste o aterrado es meterlos de lleno en una situación en que los personajes que están viendo están VIVIENDO una experiencia inmersiva y atemorizante. Aquí, la mirada de los personajes son las que meten de lleno al espectador a invertir emocionalidad en la serie. Cuando nos introducen a la serie, en el primer capítulo, nos meten de lleno en el minuto exacto en que el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil explota y nos deja con la mirada nerviosa y asustada de Liudmila y Vasili Ignatenko, mientras miran, desde su ventana, la cercana central.

Asimismo, la mirada de cada personaje es importante para lo que es el seguimiento de lo que de verdad está ocurriendo. Gracias a un acercamiento a las expresiones faciales de los personajes que hay en pantalla, podemos sentirnos parte de lo que sucede y sentir, en ese silencio, lo que ellos sienten y es de esta forma que Johan Renck hace un buen trabajo cinematográfico.

En cuanto a las tomas, la cámara constantemente se va moviendo conforme lo que sucede en el entorno de los personajes, haciendo un seguimiento de lo que ven o lo que los rodea, constantemente haciendo acercamientos o alejamientos de cámara para mostrar realmente, la gravedad de lo que está pasándole al entorno del personaje o al personaje mismo.

En resumen, la dirección cinematográfica de Johan Renck en Chernobyl es un completo acierto. Logra traer al espectador a una nueva clase de suspenso, uno que tiene que ver más de la mano de lo que no se ve, ni se dice, pero sí se ve y que, desde el inconsciente, como espectador, se crea ese temor hacia lo que está sucediendo en realidad y que el miedo, si bien no es palpable, es invisible y existe, está ahí y atraviesa el aire, como la radiación atraviesa la carne. Puntaje: 10/10

Para concluir, a modo de resumen, Chernobyl es una miniserie que, con las minúsculas fallas y errores de hechos concretos tal y como pasaron, se presenta con uno de los mayores desafíos de todos: poner un hecho concreto de la humanidad al descubierto, con el mismo aire de nerviosismo, dolor, misterio y tragedia que fue el accidente de Chernóbil, su evacuación, contención y consecuencias posteriores.

Todo encuadre, todo diálogo, toda actuación, todo tema tocado y su importantísima música permite que esta serie brille como ninguna otra, entregando en no más de cinco episodios una de las historias más crudas de la humanidad, una que, si no somos lo suficientemente cuidadosos, estaremos condenados a repetir hasta el final de los tiempos…

 

Esta miniseries es DIGNA DE VERSE. Aunque, hay que ser justos y es necesario advertir al espectador: esta serie representa un desafío a nivel dramático, pues rompe con el drama y llena de terror psicológico al espectador, dejando al espectador con nervios ante la vida. Advertimos desde ya que, para el público más sensible a emociones fuertes, después de ver la serie, podría experimentar una gran desconfianza, miedo e intranquilidad con todo cuanto le rodea, pues la serie trata de algo que PASÓ en la vida real.

 

--- ReViewer World Critic

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